Tú y yo no somos como todo el mundo. Almodóvar / 20 películas – 20 ilustradores

Fermín solís

Tú y yo no somos como todo el mundo. Aunque la frase hace su aparición en una secuencia de La piel que Habito (Pedro Almodóvar, 2011), podría estar contenida en cualquiera de los guiones escritos por el director. Extensible a muchos personajes singulares de sus películas, anuncia la creación de una pequeña comunidad de seres que, impulsados por un destino extravagante, exploran las diferencias infinitas de la existencia hasta exceder sus límites, hundiéndose en anomalías tragicómicas de fracasos y triunfos cotidianos. Podría ser una frase pronunciada, en algún momento de nuestra vida, por cualquiera de nosotros, como sucede en esta ocasión, donde designa el título de una muestra dedicada a Pedro Almodóvar en la que veinte artistas e ilustradores interpretan, desde maneras de mirar y sentir heterodoxas, las veinte películas que componen su filmografía, desvelando un universo alternativo de posibilidades estéticas. Los artistas, a su modo, han trazado un hilo invisible que los une a cada una de las historias, hasta llegar a construir un mundo distinto, próximo, extraño, confidencial y auténtico, semejante a los excéntricos relatos fílmicos almodovarianos.

Tú y yo no somos como todo el mundo es, por ello, un juego expositivo que ejerce un particular y esencial magnetismo. Más que proponer un recorrido cronológico o temático que establezca sentidos unívocos, la exposición deja hablar al espectador. A la espera de su voz, le cede la palabra. Aguarda hasta que aparecen las emociones vitales que nos conmueven y nos representan, cualquiera que estas sean. Y es que, cuando entramos en la Sala de Arte El Brocense, la encontramos transformada en un discreto salón de espejos. La superficie reflectante del metacrilato con que han sido producidas las obras llena el espacio de reflejos. Los espejos,  tantas veces utilizados por Almodóvar como artefacto poético, son aquí una zona de encuentro entre el yo y el otro. Si, como escribe Burckhardt, este objeto sirvió para hacer explícita la invención moderna del sí mismo, aquí funciona como superficie de diálogo y desdoblamiento. El visitante, al reflejarse en las obras, se confunde con ellas, convirtiéndose en un sujeto permeable y cambiante, capaz de conectar y desencadenar cientos de asociaciones disparatadas que le harán asistir a la disolución de sus pensamientos y hábitos cotidianos, aceptando la aventura de deslizarse por todos los yoes que nunca fueron (…)

Catalogo Tú y yo no somos como todo el mundo (pdf)