A / simetrías. Una geometría impuntual (Alejandro Pajares en Galería Kernel

ALEJANDRO PAJARES

“No hay una sola geometría. Nunca la hubo”. Cuando se recorre el espacio de trabajo de Alejandro Pajares, es el primer pensamiento que aparece entre sus piezas. Cuando, pasado el tiempo que nos despoja de los hábitos perceptivos, dejamos que las obras recobren su voz y su lugar, percibimos que todas ellas han heredado la forma geométrica como se heredan los silencios, en el aprendizaje siempre imposible de un vacío. Aquí las no-palabras son, en especial, bien recibidas, para comenzar a articular un lenguaje pequeño donde el presente quiere ser deshabitado. Y corresponde, solo a nosotros, despoblarlo, o como máximo, llenarlo de existencias principiantes que no pierdan su vínculo con la levedad equilibrada de los ceros.

En el estudio de Alejandro Pajares la existencia no tiene peso. “Primera regla, que el peso de lo que tenemos en la habitación sea menor que nuestro propio peso”, escribe Gonçalo M. Tavares. Sin peso, sin gravedad, todo está ahí, en el espacio, donde la totalidad también es nueva. Podríamos decir que sus obras son seres por debajo del ser. Igual que el Tractatus de Wittgenstein, han pactado su visibilidad con el aligeramiento del mundo, haciendo que, esta vez, las proposiciones, los ritmos, las consonancias, las disonancias y sus límites se desplieguen en las posibilidades de la forma y el color. Podríamos decir que todo parece un juego congruente, hasta que recorremos la lógica de las formas y comprobamos que los fundamentos sobre los que se sostiene la construcción de lo visible están ausentes. El aire pasa por esa ausencia. También, a veces, por una persiana veneciana, entrelíneas, para que las cosas se limpien de las acumulaciones de la historia. Los acontecimientos –y todo lo que les concierne– ya no son viejos. Ha comenzado una frescura inagotable y natural que puede ser conjugada en los irrepetibles contextos del ahora (…)

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