El silencio del cuerpo / El decir de las nubes (Andrés Talavero en Galería Kernel)

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Cuando todas las palabras se vuelven superfluas es preciso dejar que el agua desdibuje la tinta de los libros y los mapas, hasta hacer de ellos un territorio más por el que caminar. Hay que dejar que el pensamiento, poco a poco, termine por abandonarse al silencio. Dejar que el cuerpo escuche. Salir y pasear. Recuperar el tiempo y el espacio, la calidez de la experiencia, sin depender de construcciones ni diseños tecnológicos. Dejar que suceda en nosotros, muy por debajo de la cultura adquirida, un sereno e ingenuo desprendimiento de las cosas (Gelassenheit), una recobrada sencillez. No hacen falta constructos metafísicos. Solo salir a caminar. Y no ser movidos si no es por el deseo, el secreto, la curiosidad o el descubrimiento. Por el vacío en las manos de quien acoge con gratitud una existencia mínima. Por el amor indefinido. Por la imperceptible sonrisa interior. Es así como Andrés Talavero transita y permanece en los caminos, como habitante de vías (Tao) desconocidas para los poderosos, como hacedor de perspectivas y contextos velados. Y es que, como escribe Rebecca Solnit, hay toda una historia no narrada del caminar. Una historia que, tal vez, sea visible en las fotografías que realiza cuando camina por la naturaleza. En ella, lugar originario de su génesis poética, el artista parece decirnos que es mejor empezar a caminar en el centro perdido del secreto, donde todo comienza y donde crecen, en el anonimato, la hierba, la sombra o el infinito. Desde este lugar, quizá no avancemos ni un centímetro para las estrellas. O puede que seamos para ellas, en la distancia, como las imágenes de Talavero: seres que esperan y que, inmóviles, van lentamente al encuentro de la nada (wu). (…)

Texto El silencio del cuerpo – El decir de las nubes (pdf)