Ephemera / Beatriz Castela en Espacio Olvera

Alguien mira un pentágono proyectado sobre la pared. Todo acontece con normalidad. Podríamos decir que la figura y el ojo que la contempla se deslizan, tranquilos, en los raíles correctos de la visibilidad. Tal vez alguien piense que está ante una de las caras de un dodecaedro invisible y recuerde a Platón, y considere, igual que se lee en el Timeo, que ve el fragmento de un sólido geométrico con estructura similar al universo. Hay un pentágono. Alguien mira, continúa mirando. Pero algo parpadea. Y en un instante sucede el desmoronamiento, el desencantamiento. Una interferencia modifica la figura. El discurso se ve interrumpido por un leve seísmo. El ojo sufre una picnolesia en sus códigos y tiempos de representación. Tal vez el sujeto que asista al temblor de las coordenadas visuales ya no pueda ver nada, pero quizá, en este acontecer de la catástrofe, alguien tome la zona cero de la imagen como oportunidad inaugural para articular nuevas sintaxis a partir de las incoherencias gramaticales desveladas. Es lo que Beatriz Castela (Cáceres, 1985) nos muestra en su proyecto Ephemera (2017). Haciendo uso del videoarte, la escultura o la estampación gráfica y reinterpretando referentes históricos como el arte óptico, el neoconcretismo y el post-minimalismo, construye cuidadas instalaciones donde los elementos básicos de la percepción – la luz, el color y la forma – vertebran reflexiones acerca de la formación de lo visible. Desplazándose en los márgenes de las eucronías representativas, Beatriz Castela profundiza en las imprecisiones que emergen, como errores, del flujo de nuestra cotidiana iconosfera virtual. (…)

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