Pensar la espera

7

Nosotros, que hemos tachado nuestro corazón y con él el mañana, sabemos que el futuro nunca será visto, leído o tocado, igual que no es posible mirar directamente el sol o la muerte. Si fuéramos invitados a una exposición que llevara por título Mañana lo máximo que podríamos hacer es confirmar nuestra insistencia, pero jamás nuestra presencia. Y es que nunca llegaríamos a tiempo. Permaneceríamos como Kafka, en la burla inacabable de la periferia, o en la parada de autobús de Daniel Silvo y Humberto Díaz (41 y 96 , serie La espera, 2012). Allí, en un área para eventos singulares habilitada por la interrupción de los flujos urbanos, empezaríamos a desligarnos de la espera y su negatividad impaciente y tediosa. Como seres-que-esperan y que olvidan felizmente el después, pronunciaríamos palabras para hacer del no-lugar una cápsula comunitaria de inmunidad más o menos vindicativa donde teatralizar intimidades. La espera es amistad sobre la escena paciente del espacio interior. Nosotros, en el olvido, los pacientes; ellos, hacia el mañana, la impaciencia. (…)

Texto Pensar la espera (pdf)