Pensamientos acerca de 1000 olas

1000 olas

Pronunciar el nombre de Andrés Talavero es pronunciar una intensidad de vacío. Decir el nombre de Andrés Talavero es aproximarse máximamente a la nada, e interpretar la obra de este artista es inscribir sobre la inexistencia. Y es que, si en sus proyectos anteriores Andrés aceptaba la vida como una estética de nomadismo que se apropia del elemento natural, en el proyecto actual, denominado 1000 olas, el nombre de Andrés es más amigo que nunca del anonimato. Si antes jugaba con el camino como deslizamiento absoluto del sí mismo o con los pájaros como liberación inaugural de lo poético, aquí se ha acrecentado el sentimiento de obra como doble placentario, introduciéndonos en un site-especific, la Sala de exposiciones el Brocense, como a niños que se complementan a-conceptualmente con el lugar, un espacio que el artista ha generado a partir de la pintura. (…)

 

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