Tierra pensada

La medida del silencio (imagen 2)- Isabel campón

La obra de Isabel Campón , siempre abierta a interpretaciones múltiples, explora la imposibilidad de conjugación del lenguaje de las identidades. En sus piezas, bajo la influencia indirecta de artistas como Anish Kapoor, Jannis Kounellis, Giovanni Anselmo o Juan Muñoz, la existencia gira hacia el placer plástico de la diferencia. En Yo destruyo un conjunto de hormas aparecen suspendidas en la pared de la sala. Si la horma de los zapatos comparece como modelo o ideal de la identidad, la ejecución artesanal de cada una de las piezas, la introducción de pequeñas figuras infantiles y de madejas de cuero de color hace de lo que inicialmente fueron instancias impersonales entidades únicas. Pero esta diferencia también nace en los posibles caminos a seguir. En Silencio y sumisión de un código II una horma de madera real es recubierta, a modo de vendaje, por una cuerda que termina por deshilacharse hasta aparecer como un ovillo. Cuando no se puede avanzar más, es posible continuar en viajes inmóviles, donde el primer paso es ausencia y desconocimiento del principio y del fin. Las obras dedicadas al silencio señalan, otra vez, zonas de disolución de sentido. Silencio fragmentado juega, como una breve sentencia objetual, con la palabra, la materia y sus límites. La medida del silencio inscribe, en una geometría de la imperfección, una vertebración incorrecta del fundamento poético del pensar. Siempre existe una curvatura o una porosidad que agujerea los discursos. La profundidad del hueso es ausencia lingüística que calla ante el insostenible intento de medir el ser. Llegamos a ser Límites de existencia cuando, perdidos nuestros fundamentos, descansamos, en la soledad y en el silencio, como niños que sueñan sobre una tierra recobrada, esperando reemprender otros caminos, o bien, a la espera de ser sustraídos como mercancías sobre las que nadie podría dar testimonio. (…)

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